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La incapacidad en el Congreso para arreglar un sistema de inmigración quebrado y una serie de leyes estatales para frenar la inmigración ilegal podría sugerir que Estados Unidos no está teniendo un buen desempeño a la hora de integrar a los recién llegados.
Nuevos estudios realizados por centros de estudio tanto liberales como conservadores concluyen, sin embargo, que los miembros de la gran ola de inmigración contemporánea, que llegó a EEUU en la década de los 90, se están integrando a la sociedad estadounidense a un ritmo saludable y están más asimilados que sus pares en otros países.
Estados Unidos alberga en la actualidad 40 millones residentes nacidos en el extranjero, una cifra mayor que nunca y que incluye a los indocumentados que atravesaron la frontera de manera furtiva y aquellos que sí gozan de estatus legal, mediante una Tarjeta de Residencia Permanente en EE.UU. (conocida en inglés como "Green Card") o la ciudadanía.
La velocidad a la que se integran los inmigrantes —algo que se refleja en indicadores como la propiedad de una vivienda, el aprendizaje del inglés y la obtención de la ciudadanía— configura cómo los perciben los estadounidenses y tiene consecuencias para la economía, desde el mercado laboral y presupuestos gubernamentales hasta las aulas escolares y salas de emergencia en los hospitales.
Los autores concluyen que quienes llegaron en esa década, procedentes en su mayoría de América Latina y Asia, consiguieron un consistente avance hacia la integración social y económica, hasta la crisis económica.
"Después de 2006, hubo un leve descenso, pero no regresaron al nivel de 2000", dice Myers, cuya investigación fue llevada a cabo en colaboración con el Centro para el Progreso Americano y financiado por la Fundación MacArthur. "Suponemos que se reanudará la trayectoria ascendente cuando se termine la crisis", opina.
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