Green Card, oro al final del arcoíris

Desde su apartamento en Santa Mónica y en constante comunicación con su abogado de inmigración, Sebastian Doggart –como tantos otros- lucha por obtener su residencia permanente. Unirse al ejército, según le informó su abogado, es una de las mejores maneras de obtenerla.

 

Desde el año 2002 los reclutadores del ejército trabajan a contrarreloj, buscando incluso más allá de las fronteras, en México y Canadá, prometiendo greencards y visas de residencia a quienes se enlistaran. La propuesta, iniciada en la presidencia de G. W. Bush, aumentó sus niveles con la situación de Irak. Incluso se registró otorgamientos post mortum para extranjeros caídos en combate.

 

Un sacerdote, encargado de las misas por soldados guatemaltecos caídos, comentó “hay algo terriblemente mal con nuestras políticas de inmigración si le consume la vida en el campo de batalla a quienes quieran ganar su ciudadanía”. 


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